
Podríamos aprender mucho si estuviéramos atentos de lo que vemos, leemos y escuchamos. En realidad, estas tres palabras la voy a reducir a una de las tres, escuchar.
Creo que esta palabra encierra mucho en sí misma y puedo decir mucho más si ampliamos sus horizontes. A lo que me refiero que escuchar no sólo lo voy a aplicar a lo auditivo, es decir, cuando permanecemos atentos a la clase de un profesor para comprender el mensaje que nos quiere transmitir sino que también para escuchar utilizamos la mirada puesto que con ella vemos las expresiones o gestos que utiliza el profesor. Por ello, no sólo aplico el escuchar a lo auditivo sino también a lo visual.
Continuando con la profundización de la palabra escuchar, también podemos decir que escuchamos de otra manera, desde el corazón y es allí donde radica lo esencial, es decir, allí se encuentra la razón por la cual vemos y oímos, escuchamos no sólo para saber sino también para movernos interiormente. Si lo hiciéramos sólo para tener y mantener un mero conocimiento para qué nos serviría. Sólo nos serviría para nuestra labor profesional o para vivir como robots viviendo para no equivocarnos sin darle un sentido humano a la vida.
Algunos piensan que sólo por hecho de no equivocarse ya han encontrado la felicidad, pero ¿no equivocarse es sinónimo de felicidad? Si pensamos que somos jueces y tenemos juzgar a un hombre que ha tomado un hospital y mantenido recluidos a médicos dentro de la sala de emergencia. Si no queremos ir en contra de la ley y por ende no queremos transmitir error, es decir no queremos equivocarnos, entonces lo encerramos por haber mantenido prisioneras a un grupo de personas. Ha violado la libertad de otras personas y necesita ser castigada para que otras no hagan lo mismo.
Aunque es una situación muy delicada y riesgosa no se puede determinar sólo porque la regla nos lo dice. Hemos dado un veredicto pero no hemos escuchado la razón por la cual este hombre mantuvo personas cautivas en un hospital; hemos aplicado la regla pero sin tomar en cuenta la razón interna que lo movió a tomar tal decisión.
La historia seguro que ya les es conocida. Se trata de la película John Q, en donde se narra la historia de una familia afroamericana, donde uno de sus miembros, el hijo, tiene una insuficiencia cardiaca. El padre tiene que recaudar una gran cantidad de dinero para la operación que le deben realizar a su hijo porque su seguro no le cubre todos los gastos. El niño necesitaba urgentemente la operación pero se le iba a poner en una lista de espera. Ante su situación económica y la pasividad de los médicos del hospital el padre entra en desesperación. Es así como llegamos a las injusticias que se nos ponen en frente por la indiferencia y la ausencia en la escucha. Sí, sabemos que el niño está enfermo y que puede morir en cualquier momento pero eso no importa tiene que estar en la lista de espera al igual que lo han estado los otros. ¿Podemos condenar a un padre que ha dado la vida por su hijo? Ha puesto en riesgo su propia seguridad sólo para dar vida a su único hijo, no es el único padre en la historia que ha hecho ni el último que lo haría.
Escuchar es muy importante y necesario para nuestra convivencia y para dar sentido a nuestra vida y la de los otros. Es nuestra escucha la que hace posible el conocer a los otros. Sin esta escucha nuestra vida estaría llena de prejuicios[1], con pretensiones de creer saberlo todo. Es nuestro saber erróneo el que nos lleva a realizar juicios falsos y equivocados.
Por lo tanto, escuchar no sólo desde nuestros sentidos exteriores sino que estos a su vez sean una ayuda para nuestro interior, para poder discernir y reflexionar, para poder conocer al otro y comprenderlo. Para ello, es importante que tengamos en cuenta que todo lo que nos rodea comunica ago, quiere transmitir algo y somos nosotros los intérpretes de ese algo que se quiere comunicar.

Finalmente, el saber es vital para nuestra sociedad puesto que escuchar no es habitual hacerlo, nos cuesta mucho y casi siempre están primero nuestros prejuicios que nuestro deseo de conocer al otro. ¿Podremos algún día escucharnos?
[1] Desde su acepción negativa. Tomado del diccionario de la Real academia Española prejuicio significa, en una de sus acepciones, opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal.
Creo que esta palabra encierra mucho en sí misma y puedo decir mucho más si ampliamos sus horizontes. A lo que me refiero que escuchar no sólo lo voy a aplicar a lo auditivo, es decir, cuando permanecemos atentos a la clase de un profesor para comprender el mensaje que nos quiere transmitir sino que también para escuchar utilizamos la mirada puesto que con ella vemos las expresiones o gestos que utiliza el profesor. Por ello, no sólo aplico el escuchar a lo auditivo sino también a lo visual.
Continuando con la profundización de la palabra escuchar, también podemos decir que escuchamos de otra manera, desde el corazón y es allí donde radica lo esencial, es decir, allí se encuentra la razón por la cual vemos y oímos, escuchamos no sólo para saber sino también para movernos interiormente. Si lo hiciéramos sólo para tener y mantener un mero conocimiento para qué nos serviría. Sólo nos serviría para nuestra labor profesional o para vivir como robots viviendo para no equivocarnos sin darle un sentido humano a la vida.
Algunos piensan que sólo por hecho de no equivocarse ya han encontrado la felicidad, pero ¿no equivocarse es sinónimo de felicidad? Si pensamos que somos jueces y tenemos juzgar a un hombre que ha tomado un hospital y mantenido recluidos a médicos dentro de la sala de emergencia. Si no queremos ir en contra de la ley y por ende no queremos transmitir error, es decir no queremos equivocarnos, entonces lo encerramos por haber mantenido prisioneras a un grupo de personas. Ha violado la libertad de otras personas y necesita ser castigada para que otras no hagan lo mismo.
Aunque es una situación muy delicada y riesgosa no se puede determinar sólo porque la regla nos lo dice. Hemos dado un veredicto pero no hemos escuchado la razón por la cual este hombre mantuvo personas cautivas en un hospital; hemos aplicado la regla pero sin tomar en cuenta la razón interna que lo movió a tomar tal decisión.
La historia seguro que ya les es conocida. Se trata de la película John Q, en donde se narra la historia de una familia afroamericana, donde uno de sus miembros, el hijo, tiene una insuficiencia cardiaca. El padre tiene que recaudar una gran cantidad de dinero para la operación que le deben realizar a su hijo porque su seguro no le cubre todos los gastos. El niño necesitaba urgentemente la operación pero se le iba a poner en una lista de espera. Ante su situación económica y la pasividad de los médicos del hospital el padre entra en desesperación. Es así como llegamos a las injusticias que se nos ponen en frente por la indiferencia y la ausencia en la escucha. Sí, sabemos que el niño está enfermo y que puede morir en cualquier momento pero eso no importa tiene que estar en la lista de espera al igual que lo han estado los otros. ¿Podemos condenar a un padre que ha dado la vida por su hijo? Ha puesto en riesgo su propia seguridad sólo para dar vida a su único hijo, no es el único padre en la historia que ha hecho ni el último que lo haría.
Escuchar es muy importante y necesario para nuestra convivencia y para dar sentido a nuestra vida y la de los otros. Es nuestra escucha la que hace posible el conocer a los otros. Sin esta escucha nuestra vida estaría llena de prejuicios[1], con pretensiones de creer saberlo todo. Es nuestro saber erróneo el que nos lleva a realizar juicios falsos y equivocados.
Por lo tanto, escuchar no sólo desde nuestros sentidos exteriores sino que estos a su vez sean una ayuda para nuestro interior, para poder discernir y reflexionar, para poder conocer al otro y comprenderlo. Para ello, es importante que tengamos en cuenta que todo lo que nos rodea comunica ago, quiere transmitir algo y somos nosotros los intérpretes de ese algo que se quiere comunicar.

Finalmente, el saber es vital para nuestra sociedad puesto que escuchar no es habitual hacerlo, nos cuesta mucho y casi siempre están primero nuestros prejuicios que nuestro deseo de conocer al otro. ¿Podremos algún día escucharnos?
[1] Desde su acepción negativa. Tomado del diccionario de la Real academia Española prejuicio significa, en una de sus acepciones, opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal.
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