jueves, 3 de julio de 2008

¿LA MENTIRA NO AFECTA?


Según el diccionario de la Real Academia Española mentira es una palabra equívoca que en una de sus acepciones significa expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa.

Ante esta definición se puede decir que no existe persona alguna en el mundo que en algún momento de su vida haya dicho alguna manera, ya sea contando alguna historia o afirmando o negando algo. Por ello, creo que la mentira nos conduce hacia algo bueno o malo, dependiendo de la situación en la que nos encontremos en un determinado momento. Por ejemplo, cuando vas a ser víctima de un asalto y te piden tu celular, algunas personas pueden decir que no lo tienen aunque sí lo tengan consigo. Esto no lo hacen con la intención de ocultar la verdad malintencionadamente sino todo lo contrario no dicen donde está su celular para no ser víctimas de un robo.

Cuando la verdad es ocultada para favorecerse uno mismo o favorecer a otro porque van a ser víctimas del egoísmo de una o varias persona no hay problema. El problema se presenta cuando se oculta la verdad para favorecerse uno mismo, es decir, buscando su propia satisfacción o su provecho. Es allí, cuando la mentira se concibe como contraria a la verdad; verdad que es necesaria para alcanzar el bien común.

La mentira, se puede decir a partir de la comprensión anterior, que es la fuente del exceso de amor a sí mismo, puesto que estamos ocultando algo en beneficio propio y en detrimento de otro. Además, con la mentira se puede llegar a ver todo perfecto para sí, pues estamos obteniendo falsos logros. Esto hasta un determinado momento puesto que cuando las mentiras son descubiertas, es decir, cuando se pone en conocimiento que se está ocultando o se ha ocultado la verdad no sólo uno pierde credibilidad sino que se pone al descubierto nuestro deseo de vivir en la verdad en busca del bien común.

Se puede determinar a partir de lo último que es la persona la que determina ser concebida de esa manera y por ende la mentira es el resultado de una decisión propia. En otras palabras, soy yo quien decido si opto por el camino de la mentira y me quedo en ese camino. Pero al decidir quedarme en él no tomo en cuenta las consecuencias que esta puede traer para mi vida, es decir cuáles son los efectos que trae consigo.

Si nos ponemos como ejemplo un robo, yo soy testigo de un robo y además conozco a la persona que ha cometido el delito y a la víctima. Si yo permanezco en silencio me convertiría en cómplice y en depositario de la mentira puesto que estaría ocultando la verdad, algo que yo sé pero prefiero no decir nada, no meterme por miedo a las represalias que se puedan tomar para con uno.

Es cierto podremos encubrir en esta fachada tan sonada en nuestra sociedad: “puede tomar represalias conmigo”. Pero no nos hemos puesto a pensar que si bien es cierto la víctima no ha sido uno pero la próxima podría ser una persona muy cercana a nosotros o uno mismo. Por otro lado, si deseamos vivir en la justicia y en la verdad será necesario desocultar las sombras poniendo luz en ellas, es decir, no permitiendo que el miedo nos domine evitando que vivamos en la verdad. Siempre estamos echando la culpa al estado o a la policía con respecto a la seguridad ciudadana pero no caemos en la cuenta que somos los que dificultamos su trabajo y que el problema sea más agudo.

También podemos hacer una reflexión con respecto a la infidelidad. Cuando uno se convierte en infiel no es porque uno ha querido ser infiel sino que uno no ha querido pensar en ello. Cuando en una relación de pareja una de las partes comienza a ocultar acciones, decisiones, impresiones con respecto a otra es un paso para llegara a la infidelidad. La infidelidad es obra de la mentira puesto que es un acto oculto que se puede iniciar con una verdad a medias. Además, cuando uno es infiel no lo es de la noche a la mañana sino que siempre ha mantenido esa posibilidad, puesto que si uno no lo desearía no llegaría a ser infiel. Para llegar a un acto de infidelidad, se necesita mucho tiempo no se produce de un momento a otro. En otras palabras, podemos decir que se es un mentiroso en potencia.

En un determinado momento la mentira puede aparecer como poco ofensiva puesto que se cree que se puede mantener oculta, pero si somos seres normales nuestros remordimientos nos los mantendrían vivos a cada instante.

Pero, qué sucede cuando la mentira deja de serlo, qué es lo que sentimos, en qué pensamos. Lo que puedo decir es que parece que el mundo y todo deja de existir puesto que he sido descubierto. La vergüenza en es lo que le invade a uno y ya no sabe que hacer ni que decir. Esto normalmente les sucede a las personas que son reacias a mentir, pero a las personas que están habituadas a vivir de esa manera no tienen esta reacción; son estas personas en las que menos deberíamos confiar puesto que ellos nos arrastran con sus mentiras. Además, no podríamos determinar cuando es verdad lo que dice o cuando es mentira.

Por último, se puede determinar que la mentira o mejor dicho los mentirosos son los que no permiten que nuestras familias crezcan en la verdad y que nuestra sociedad continúe nutriéndose de la justicia. Ante este problema ¿Qué podemos hacer? ¿Qué podría ayudarnos a vivir mejor en nuestras familias y nuestra sociedad?

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