(Extracto del libro "El topo en su laberinto" de Vicente Santuc)
Todo conocimiento está configurado a partir de elementos a priori que, según Kant, todos tenemos. Son de tres clases:
- Existen " a prioris" ligados a la sensibilidad. Esos nos remiten a la intuición: son "el espacio" y "el tiempo", "formas a priori" de la sensibilidad.
- Existen otros " a prioris", proporcionados por el "entendimiento". Son las "categorías" del intelecto, o sea "estructuras a priori" del entendimiento. (Un preformateado mediante el cual organizamos el mundo: allí está la causalidad) Esas estructuras a priori del intelecto posibilitan juicios sintéticos a priori, y son los que permiten las matemáticas y la física.
- Pero existen, en fin, " a prioris" que remiten a todo aquello que no cae en la sensación, como son las "ideas" de: Dios, la libertad, el universo como totalidad-. Tales "ideas" no pueden ser objeto de conoci¬miento en cuanto sólo hay conocimiento si hay paso por la sensibilidad. Pero, esas "ideas a priori" todos las tenemos; son una manera de ser de nuestra razón, una exigencia a priori en ella. Si bien no puede haber "conocimiento de esas "ideas a priori" de la razón pura, lo que podemos hacer es "pensarlas". Ahora bien, decir eso tiene mucha consecuencia, en cuanto equivale a decir que la "metafísi¬ca" como ciencia de las cosas en sí, del ser de las cosas y del ser de esas ideas "es imposible". Por lo tanto no puedo conocer a Dios; sólo lo puedo pensar. Queda posible como metafísica la ciencia de las condiciones a priori del conocimiento.
Con lo que acabamos de decir, ahora podemos llegar a entender el rol y la significa¬ción de la lógica y de la filosofía para Kant. La lógica presidida por la ley de "no contradicción" y expresada también en las categorías del intelecto humano es una tendencia inherente a nuestro espíritu. Hacer descansar la ciencia sobre las exigencias de la lógica es peligroso. Eso hace que damos consistencia fuera de nosotros a lo que sólo es producto de la lógica es nosotros. Por eso, según Kant, el silogismo es un conoci¬miento sin valor e incluso peligroso en cuanto nos lleva a hacer proyecciones indebidas. Ejemplo de ello es el uso de la causalidad par Dios. Llegamos a decir: "todo efecto tiene una causa; la causa del universo sólo puede ser Dios; por lo tanto Dios existe". Eso es sólo lógica. Eso sólo expresa una exigencia del intelecto. No podemos llegar a Dios por allí. Es una mala metafísica. Kant propondrá otro camino para llegar a Dios.
Kant desplaza la pregunta, diciendo, "Más bien preguntémonos: ¿por qué hacemos filoso¬fía, metafísica? y ¿por qué los resultados de la ciencia no nos satisfa¬cen? ¿por qué nuestro espíritu no se satisface con ese juego formal? Es lo que dice Kant en el texto de la "Arquitectó¬nica" que comentamos. Ahí regresamos a una temática que es nuestra, en cuanto allí se expresa una pregunta por "una visión del mundo y del hombre en el mundo". El hombre no se satisface con el conocimiento de los fenómenos que le da la ciencia. Es un hecho. Muy bien. Precisamente allí asecha al hombre la tentación de un error: el error de creer que a partir de la ciencia "tiene que" o "puede" elaborar una metafísica.
Elaborar una metafísica a partir de la ciencia, es decir, a partir de sus resultados insatisfactorios querer pasar a Dios gracias a la "causalidad, eso es seguir el camino de Aristóteles, quien a partir de los fenómenos pretendió alcanzar los "principios primeros"; es utilizar el entramado de enlaces que poseemos a priori par un uso indebido.
¿Qué puede significar el hecho que elaboremos así una metafísica? Dice dos cosas:
a) Por un lado, si hacemos eso, eso indica evidentemente que tenemos ya a priori, necesa¬riamente, en el espíritu la "idea de un cuadro organizador general de los fenómenos". Podemos efectivamente proyectarlo a un nivel que no es el suyo: Dios. Pero, tenemos que ver lo que entonces hacemos: atrapamos, en lo que sirve únicamente para fenómenos, a Dios que no es fenómeno. Las categorías del intelecto sólo sirven para ordenar lo que nos da la sensibilidad.
b) por otro lado también eso significa otra cosa. Significa que tenemos a priori la idea de Dios, del mundo y del sujeto mismo. Pero, no nos confundamos sobre el valor de esas ideas. De ninguna manera podemos a partir de esas ideas constituir nuestra experien¬cia; más bien son ellas las que me señalan mi experien¬cia como limitada. No es de ninguna manera "porque las cosas son insatisfac¬torias e insufi¬cientes" que nos elevamos de causa en causa hasta Dios; sino es "porque tenemos ya -a priori- la idea de Dios" que las cosas no nos satisfacen. De allí viene la tentación de elaborar una metafísica.
Repitamoslo: se trata de diferencias en la visión del mundo. Kant nos dice que tenemos a priori esas ideas "del yo, del mundo y de Dios" y que las podemos manejar como pseudo-respuestas a un problema mal planteado. Por lo tanto todos los argumentos lógicos,- mediante los cuales pudiéramos nosotros, querer llegar a determinar la naturaleza del yo o del mundo, o la existencia de Dios,- son argumentos que engañan. ¿Por qué eso? Porque "no podemos no tener" la idea de Dios, del mundo y del yo. No las poseemos para probarlas, elevándonos a ellas a partir de los fenómenos; al contrario, tenemos esas ideas a priori para que podamos despegarnos del apego que tenemos a los hechos del mundo, a sus fenómenos.
En otras palabras, el hecho que el hombre no se contente con los conocimientos de la física indica que es un "ser moral". El hombre vive siempre en torno y a partir de ideas sobre sí mismo, el mundo y Dios. Toda civilización se levantó sobre otra cosa que meros datos científicos. Y el hecho que no exista respuesta a las preguntas del hombre al nivel científico, indica la vanidad de una civilización o de una acción meramente determinada por lo material. El hombre no es de este mundo. Se trasciende a sí mismo y trasciende toda idea que pueda hacerse de sí mismo. Es un ser desgarrado. Sólo puede sentir su ser verdadero bajo la forma de un "imperativo" que una parte de sí mismo (la numenal) "impone" a la otra parte (la empírica). Finalmente el hombre sólo alcanza la satisfacción sintiéndose como ser moral y sintiendo el mundo como bello, pero como promesa fugaz.
¿Qué podemos percibir a través de todo lo dicho? Podemos observar un desplazamiento en relación a Aristóteles, desde luego; y observar también cómo los datos técnicos,-(o sea la organización del uso del silogismo, de la intuición, de la inducción, de la lógica)- acaban por tener gran significación al interior de una filosofía. Kant nos quiere liberar de la tentación metafísica con su "método transcendental", es decir con la consideración de las condiciones a priori de toda experien¬cia posible y de toda ciencia posible.
Kant disuelve el mundo filosófico que heredó. Pero, de cierta manera todas las grandes filosofías hacen lo mismo. Hacer eso forma parte del diálogo entre ellas y cada filosofía nos vuelve a colocar, a su manera, frente a los grandes problemas: yo, el mundo, Dios. La técnica varía con cada una; algunas se visten de manera menos intranquilizadora que otras. Pero todas nos hacen regresar a esas preguntas.
A lo largo de la historia de la filosofía hay continuidad técnica. Lo hemos visto con Kant y Aristóteles. Pero en esa continuidad hay variaciones, que se deben a los saltos de visiones del mundo. Es que para cada filósofo un problema técnico nunca es meramente técnico. Si para Aristóteles el silogismo es capital es porque con él planteó el problema del mundo, del hombre y de Dios. Y es porque su silogismo no es únicamente formal que es, para él, el problema esencial. En la comparación entre Kant y Aristóteles hemos podido percibir que su técnica tenía cierta intemporalidad. Las técnicas quedan más o menos las mismas, desde los griegos, pero las visiones del mundo difieren.
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